Por Ricardo Elviro Río

Óleo sobre tabla, primer cuarto del siglo XVII
Iglesia parroquial de El Salvador y Santa María de Ejea de los Caballeros (Zaragoza)
Esta segunda palabra nos habla del amor eterno que nos tiene nuestro padre Dios. Al igual que los dos ladrones que acompañan a Cristo en la crucifixión, también tenemos la elección de reprochar a Cristo por nuestros sufrimientos, o arrepentirnos de nuestros pecados y regresar a Él. Y como sucede, Jesús nunca rechaza un corazón arrepentido. Estamos llamados a actuar como este «buen ladrón», que pese a los males que ha hecho, ve el sacrificio de Jesús y le pide que se acuerde de él. Este simple acto de pedir ayuda es más que suficiente para que Jesús entre en tu corazón y te lleve al Paraíso, a la Vida Eterna.
Abril de 2026 * Ricardo Elviro Río. Estudiante. Grado en Enfermería. Universidad San Jorge