Por Pablo Vadillo Costa*

«Todo está cumplido» (Juan 19, 30). La historia de Jesús está llegando a su fin. La Pasión está a punto de terminar. La misión que había recibido del Padre estaba llegando a su término. La cruz parecía que iba a tener la última palabra y con ella la muerte. En medio de la dureza de la Pasión se siente conforme, ha cumplido todo lo que tenía que hacer. Se acabó. No hay nada más que hacer, o al menos, que deba hacer. Estaba llegando el momento álgido en el que todo sería salvado.
¿Cuántas veces tenemos la sensación de que ya hemos acabado? ¿Afirmamos que hemos hecho todo lo que debíamos hacer? ¿Cuántas veces consideramos que hemos hecho todo lo que podíamos sabiendo que no ha supuesto realmente un esfuerzo por nuestra parte? No nos engañemos, el plan de Jesús estaba previsto, y ¿el tuyo? ¿Qué plan estás cumpliendo? Algunos estudiamos, otros investigamos, otros enseñamos, otros gestionan y favorecen el buen funcionamiento de la universidad… ¿Ese es nuestro proyecto? ¿Cuál es tu proyecto?
Jesús vino para enseñar una nueva forma de entender la vida en la que se prioriza el amor a Dios y a los otros. Presentó un concepto de Dios que no sería el juez vengativo que vigilara la existencia de los hombres, sino la de Aquél que se acercaba a cada sujeto de la historia y caminaba con ellos colmando de felicidad a sus discípulos. El otro, el que tenemos al lado, no se presentaba como el enemigo que quería hacerme la competencia, sino aquel con quien debo compartir mi vida y mi experiencia, aquel que es mi hermano, mi prójimo, del que también soy responsable de su historia. La persona estaba por encima de la norma, de la ley y cada una de ellas son junto a Jesús el verdadero centro de la historia. Los pobres, los descartados de la sociedad, los que no eran reconocidos en ella se convierten en los verdaderos destinatarios de una buena noticia que es capaz de llenar de esperanza sus vidas. El servicio como rasgo propio de su estar en la sociedad, lavar los pies, abajarse hasta el suelo Aquél que era Dios porque solo así podía enseñar lo que en realidad era. Y así hasta el final. Sí, Jesús eligió mostrarse como era, la coherencia de su mensaje, la coherencia de su persona, su misión.
Todo está cumplido. Todo está terminado. Todo está consumado. Sí, ya he hecho todo lo que tenía que hacer. Los discípulos, los pocos que quedaban seguramente se cuestionaran qué estaba sucediendo. Nosotros conocemos el final de la historia. Ellos no entendían nada. Y nosotros, a veces, tampoco. Jesús se sabía Hijo de su Padre y nosotros otras tantas veces no terminamos de reconocernos como Hijos de Dios, tampoco llegamos a intuir cuál es el plan que Dios quiere para cada uno de nosotros, ni cuál es nuestra misión en el mundo.
Nos gustaría que llegara un momento que dijéramos, efectivamente, nuestra misión está cumplida. He hecho lo que tenía que hacer. Pero ¿es ese realmente nuestro proyecto, el tuyo y el de Dios? ¿Has sido capaz de mirarte en el espejo y preguntarte cuál es la misión que tu Creador, tu Salvador, tu Dios está soñando para ti? Y, sí, ese proyecto tal vez no te lleve al máximo reconocimiento, al mayor sueldo o al mayor prestigio que te recoja en numerosas revistas famosas y de gran influencia, pero y si es el que te lleva a la verdadera felicidad. Las cosas más importantes no se compran con dinero, el mayor trabajo no se desarrolla desde un mero conocimiento intelectual, las relaciones no se mantienen con objetos materiales, sino solo con ese Amor que es capaz de llevar hacia la felicidad plena.
La tranquilidad de Jesús en la cruz es muestra de ello. Se sabe que ha cumplido una misión, no fácil, pero sí que le ha implicado toda su existencia, le ha hecho feliz, a pesar del trágico final al que se está enfrentando. Y todo por ti, por mí, por todos, para poder abrir las puertas del paraíso para que todas las personas puedan llegar a esos cielos nuevos y a esa tierra nueva donde el llanto, el dolor y el sufrimiento no existirán. Sí estará presente ese gozo en los hombres de haber sido fieles a ese proyecto del Padre, de tu Padre, del que te está esperando permanentemente para que seas feliz. ¿Te has preguntado por ese camino? ¿Te cuestionas cuál es tu misión dentro y fuera de la universidad? ¿Y en tu vida personal?
Para Jesús, nada acaba, espera la Resurrección, ha sido fiel al proyecto. ¿Y tú? ¿Te has preguntado tu vocación?
Abril de 2025 * Pablo Vadillo Costa. Sacerdote. Profesor de la asignatura de Ética y Pensamiento Social Cristiano. Universidad San Jorge