2 – «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso»

Por José Manuel Murgoitio García*

Portapaz - Con las escenas del Calvario y la Decapitación de San Juan Bautista  -Martil y plata dorada. Hacia 1380-1425 - Procede de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Pina de Ebro (Zaragoza)
Portapaz – Con las escenas del Calvario y la Decapitación de San Juan Bautista -Martil y plata dorada. Hacia 1380-1425 – Procede de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Pina de Ebro (Zaragoza)

«Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lucas 23,43). En los momentos de mayor de incertidumbre, las palabras de Jesús, dirigidas al ladrón colgado a su lado, anticipan la cumbre de nuestra esperanza, la vida eterna. Estas últimas palabras manifiestan la promesa de esperanza y redención que Jesús hace, día tras día desde entonces, a la humanidad entera. Las palabras de Jesús ante el ladrón que, reconociendo su pecado, le pide no ser olvidado, constituye una extrema afirmación de la gracia divina y su promesa de salvación. 

Frente al desasosiego, la pesadumbre, los miedos; frente a todo aquello que nos genera desesperanza por el futuro, Jesús nos presenta con su muerte en la cruz el cumplimiento de su compromiso con la salvación de todos los hombres y nos trae la certeza de la vida eterna

Jesús es la Verdad, y esta se realiza en el amor incondicional de Dios ofreciendo consuelo y esperanza a todos lo que, reconociéndose pecadores y con humildad, admiten que Jesús es el Señor. La respuesta de Jesús al ladrón arrepentido es un recordatorio de que la salvación está disponible para todos, independientemente de su pasado, siempre que se acerquen a Dios con un corazón sincero y arrepentido. 

Las palabras de Jesús encarnan la esencia de su mensaje: la promesa de vida eterna y la certeza de la redención para aquellos que creen en Él. Es una declaración de esperanza que ha resonado a través de los siglos, ofreciendo consuelo y fortaleza en momentos de dificultad y sufrimiento

Estas palabras son un testimonio de la infinita misericordia de Dios. Ya no hay que tener miedo alguno. Con la muerte de Jesús se cumple su promesa. Su muerte hace brotar en nosotros el convencimiento absoluto de que nos espera la vida eterna. El amor es la llave que nos abre las puertas de esas estancias de la casa del Padre a las que estamos llamados

No tengamos miedo, abramos las puertas a Cristo. Con él, no hay error posible. El buen ladrón lo supo ver en el momento de su agonía. Y fue premiado por su confianza. Es el mismo Dios, hecho hombre, el que nos muestra el camino de la verdad frente a las incertidumbres de nuestro tiempo. Somos de Dios y este es el camino, la senda de la verdad para alcanzar la vida eterna. 

Abril de 2025

* José Manuel Murgoitio García. Secretario General de la Universidad San Jorge