4 – «Díos mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?»

Por Pablo Guerra Llamas*

Calvario Miguel Jiménez. Óleo sobre tabla. 1490-1505 Procede de la parroquia de El Salvador y Santa María de Ejea de los Caballeros (Zaragoza)
Calvario – Miguel Jiménez. Óleo sobre tabla. 1490-1505 – Procede de la parroquia de El Salvador y Santa María de Ejea de los Caballeros (Zaragoza)

A ti que lees en estos momentos, espero no robarte mucho tiempo ya que se considera valioso como el oro, según dicen. Pero, al menos, me gustaría preguntarte ¿Estas satisfecho con tu vida? Si la muerte o la enfermedad te visitara o sucediera algo que desestabilizara tu vida ¿qué harías? ¿Dirías que cada día hay algo que te llena y te hace estar contento? Son cuestiones que me llevan a pensar estas palabras que dijo Jesús.

Yo alguna vez también he dicho estas palabras, aunque no fueran en concreto dirigidas hacia Dios, sino a los que estaban a mi lado en ese momento de sufrimiento. Incluso grite una vez preguntándome con angustia, por qué me abandonaba le gente cuando sufría. La realidad es que seas quien seas todo hombre sufre, forma parte de nuestra naturaleza. A veces, sufrimos por las calificaciones como estudiante, otras por algún amigo que hemos perdido, o por no tener un cuerpo musculoso, o también por ser ignorado por alguien que amas. Algunas de las cosas que nos suceden pueden llegar a doler mucho y el sufrimiento no es fácil compartirlo, es una de las pocas cosan que son intimas hoy en día. No importa si se las gritas al mundo entero, la mayoría no va a poder comprender realmente, por mucho que quieran ayudarte. El sufrimiento es implacable solo puede ser sufrido y aceptado, es un camino que debe ser atravesado.

Aquí es donde aparece nuestra necesidad de crear personajes, hombres y mujeres de cuentos de hadas, héroes, que se sobreponen a las dificultades, que cargan con su dolor y ayudan a los que les rodean para llegar a lugares, a los que la gente normal no llega. El miedo a sufrir nos frena, el miedo a que nos desprecien e insulten y sobre todo, a ser abandonados y quedarnos solos.

De todas las historias de héroes que nos han contado voy a detenerme en el personaje de Batman, aunque en algunas películas le muestran como un personaje muy fuerte que vence a los malos a puñetazos, hay otro tipo de historias de cómic sobre él, en que se muestra a alguien que ve más allá de las apariencias de las personas que actúan mal, y que comprende que muchas veces esas actuaciones están influidas por sus sufrimientos, y que esas personas pueden ser recuperadas. Que es gente a la que el dolor y el sufrimiento les habían hecho un daño casi irreparable, pero él no perdía la esperanza.

Y en este aspecto de comprensión absoluta hacia la persona, y de implicación total en su regeneración nos encontramos con el que podríamos llamar nuestro superhéroe con mayúscula, Jesucristo. No un héroe inventado o virtual, sino alguien real. Alguien que existió. Nacido en Belén, carpintero de profesión, hombre que pasó su vida haciendo el bien y que murió en una cruz a los 33 años, y al que Dios lo resucitó librándolo de la muerte.

Y que ahí justo, cuando estaba en la cruz, entre otras palabras dijo: “Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado” Mt 27, 46. Este sufrimiento que sintió Jesús, absolutamente terrible, y desproporcionado porque nunca había hecho ningún mal a nadie, le llevó a sentir el abandono de Dios, ese sentimiento que compartía en ese momento con todos los hombres que sufren, de todas las generaciones. Y que le aproximaba para siempre a todos nosotros.

Por suerte para nosotros, de su historia conocemos el final, y fue un final impresionante y esperanzador para siempre: resucitó y venció a la muerte. Y esto nos debería ayudar, en cualquier circunstancia que estemos, a mirar más allá de nuestro ombligo y escuchar los gritos de otros. Ciertamente no somos héroes y habrá ocasiones en que necesitemos ayuda, es nuestra naturaleza ser débiles. Sin embargo, por muy solo que te encuentres recuerda que siempre puedes confiar en Jesús. Tal vez no le conozcas mucho, pero él si te conoce a ti, te ama y ha dado su vida por ti.

Si has llegado hasta aquí, ¡Ánimo!, te deseo que el Señor te guíe siempre y que recuerdes que, a pesar de las dificultades, el sufrimiento no tiene la última palabra. Confío en que busques caminar por el camino del héroe, tal vez tú puedas ayudar a uno y esa persona pueda salvar a millones. Pero sobre todo espero que recorras el camino de Jesús. Él te salva, te hace libre y vive para siempre. Desde San Jorge patrono de los caballeros te deseamos que el Señor te acompañe. ¡Ánimo!

Abril de 2025

* Pablo Guerra Llamas. Estudiante del Grado en Inteligencia Artificial. Universidad San Jorge.